Soy alma ondulando. Cayendo. Soy alma pintada en fantasmagoría. Soy alma feliz creando un boquete en tu mirada, sangrándome una vez más, una vez menos; mientras, retozo como puerco en mi casa. Soy alma esclava de mí, y de nadie más. Soy alma en poesía, la peor maldición del hombre. Soy el galardón de mi pueblo literario; de los batalleros que matan a parrafazos. Soy pantera en libertad. Una vez más, ¿Por quién me decidiré matar?
El río en el corazón del hombre, que arrastra como el secreto que esconde. No son hijos sus afluencias sino batallas de sensación que algunas fluyen y otras estancan. Son lodo todas las conclusiones del hombre, pues donde es sino, en el fluir de las emociones, donde hay vida y no hambre.
Ella conquista, pero sin poner bandera; va desnuda y sin artillería a todas las guerras. Punteria de escándalo, toda una vida batallando a destajo. De intuicion felina, es pantera por dentro y fuera. Ella es amor, pero siempre quiere guerra.
Una selva de acuarelas hay en tu ciudad. Drogas y artistas suben el baremo del fuego. Trinos y trompetistas rompen a llorar. ¿Lo sientes? Son olas por debajo del nivel del mar. Mariposas subterráneas. Son todas las cosas que no quieres callar. . . Suéltalas.
A más de 200km/h siempre a las afueras del condado vital.
En la zona peligro la señorita del mal. Hay tacones de marfil
y sellos en rojo mate sideral. Las zorras nunca llevan campanita
y menos collar. Solo puedes olerlas si te vienen por detrás.
Tris, tras.
Bang, bang.
Todas zorras en el perímetro capital.
Somos amazonas sin importar la ciudad.
Pequeña brisa de mar que no quiso parar de soplar hasta convertirse en huracán.
De la estepa árida y el sol hiriente naciste flor muerta de sed, pero abriste raíces en terrenos rocosos, recorriste kilómetros, pequeña flor de loto Y si por ti fuera el renacimiento de dentro desde el estiércol y el lodo al arcoíris y la libertad Pero si en glaciar te encuentras muerta de frío, siempre sabrás pedir que te lleven al río
Campanitas en el bosque ninfas por doquier, sonrien guapas y sanas derrocaron el poder.
Hay pastos, que parecen santos y son más bien diablos bien disfrazados hay trazos, en la oscuridad, que siempre hacen cosquillas por eso hay que evitar escuchar algunas de esas vocecillas Hay oscuros templos en los que el espejo humano no se debería reflejar ¡animal! pero de qué pecaría sino de curiosidad el muy viajero de la vida sana ¿Dónde irían los forasteros, los muy perdidos, que desean perderse más? Sino allí al rincón oscuro en la grieta del mar en el sin fondo oscuro en la grieta del mar.
Entonces cogió el tenedor, como si él supiera coger un tenedor. Pinchó el trozo de verdura, el muy carnívoro. Masticó tranquilo, como si nunca hubiera matado a nadie. Como si nadie hubiera matado alguna vez a alguien.
Tiró la primera piedra, cuando nadie puede tirar la primera piedra. Obviamente falló la primera tirada, porque no hay peor ciego, que el que no es consciente de que está ciego.
Flor de loto dime cómo se llega al río sin soltar ni un lloro.
En tu ciudad crecen música y margaritas; me pierdo con gusto entre tus lares, no hay vagabundos ni oscuras calles. En tu ciudad hay luz en cada esquina y todos los picos son de plastelina, o adrenalina. En tu ciudad los pozos sin fondo son de golosina celestial, vibración intra-craneal. Tu ciudad no entiende de conquistas, armas, ni guerrillas. En tu ciudad hay solo hierbabuena, azúcar y armonía. En tu ciudad los ríos son de acuarela, ni sangre, ni lágrimas de pena. Allí las velas duran noches enteras, las calles cantan, y las farolas colorean. En tu ciudad no hay protocolo, allí están todos dulcemente locos. Tampoco hace falta ir vestido y por suerte, se puede ser siempre niño. Fdo. Forastera Martínez. Dedicado e inspirado por y para una mujer, una flor, una guerrera. M🌸
Del camino, la piedra salvaje; entre escombros ya no hay ceniza porque hay que ser un ser de sangre. Mis huesos se los comió un cuervo que anida, roba colores; que no te engañen: de niña solo se aprende a ser guerrera. Mas es el ser lo que más incomoda más que el no ser. Como abeja sin alas que aprendió a ser zorra, como flor que floreció en invierno. Contra pronóstico soy lluvia y huracán, entre ramas me enredo con gusto y anido en tu paladar. Sin entender de anillos ni joyas, ni versos bien escritos me tambaleo al son de tus delirios. No atiendo a disgustos ya dije, corazón de sangre soy mañana y sobretodo hoy.
De tu flor saco los mil colores de mis cuadros, sin ser pintor, solo artista frustrado. Entré en todas sus casas solo para robar tu retrato, con rostro firme, sin ser tapado. Reina, hay piedras en el camino, tú las picas y yo los corazones. Me miraste por dentro y con linterna en mano palpaste cada rincón y trazo de mi mano; y ahora que nos sabemos los milímetros, no puedo esperar a que te abras palmo a palmo.
Tienes fundidos del atardecer que cosen la boca y tergiversan de malas maneras. En tus ojos hay brillitos con vastas profundidades y bonitas grietas. Tienes surcos para pasárselo bien la noche entera.
A flor silvestre en campo santo visitó el escandinavo. Sorprendido, se detuvo a observarla. Vivos colores y nuevos olores brotaban de ella. El escandinavo observó la tierra seca, pocas lluvias la habían regado. Sin pensarlo dos veces sacó su botijo de agua y comenzó a regarla. Cansado por los largos kilómetros decidió echarse una siesta a su lado, en el campo santo. Una vez despertó quedó asombrado. Su color y olor habían mejorado, la flor era aún más bella. Ni imaginarlo siquiera. Ya descansado, el escandinavo decidió seguir su camino. Enamorado de la flor que había regado decidió coger sus rudas manos y arrancarla del campo santo. -¡Tengo una flor! -gritó entusiasmado-. Pasaron los pasos, la flor sin raíz y tallo desgarrado; perdió el matiz y el color apagado. La flor murió a los cuatrocientos pasos. Recuerda escandinavo, a flor silvestre riégala, pero no le cortes el tallo.
En un trazo de acuarela, hay esporas blanquecinas, cristales y un montón de lágrimas. En un trazo de acuarela, solo se recorre medio segundo. En un trazo de acuarela hay lo que brota en el momento, el drama, la belleza. En un trazo de acuarela destaca el azul a mares, flechas y caminos. En un trazo de acuarela hay un movimiento, un color y mil destinos.
Luna profunda Luna llena Luna diurna Eres magia en terreno estepario, somos secuaces planeando un nuevo asesinato. Tú no menguas, tú siempre eres llena. Cierro los ojos y me dejo caer, algo me dice que aquí no hay suelo. Luna, a falta de gravedad buen imán son nuestros polos opuestos. Lunera, cada noche vuelves por inercia, sin cadenas ni ninguna dependencia. Abrazas el corazón como quién abraza primaveras después de un duro invierno en la selva. Ay, Luna Llena, qué bien combinas con la Primavera.
Oscuro, el cuervo acecha tras la esquina amarga. Cuidado, que el cuervo acecha y le vuelven loco los colores. Mírate arcoíris, vas hecha un lienzo. Sal corriendo, que te pilla.
El pintor con depresión se sumergía siempre en el inmenso mar de colores. Como todos. A todas horas. Una vez empapado escogía solo los colores que menos gustaba. “Los otros no los merezco” pensaba, como si el color tuviera que ver con las gacelas. Autosabotaje. No era un pintor depresivo, solo un pintor con depresión. Tintó con odio la huella de su trazo, su pincel, su lienzo, su autorretrato; y ahora dime tú, pintor y lector, que también haces de tu vida un lienzo ¿de qué color pintas tú tus cuadros?
Tuviste que verme hablar con las musas para entender porqué paso tanto tiempo fuera de las masas
Se luz, que yo traigo el prisma y ya me sé de memoria todos tus colores
Tú tanto que vistes concupiscente, fríbolo y carnal y desvistes de pétalos las flores que cazas revistes esquinas, coses heridas o eso dices dentro del baúl infernal ya nunca más rebosas la ausencia y suspiras por el aire que te falta y vuelves a caer ya nunca más ya nunca más