Sinestesia sin sentido del gusto.

Qué amarga el alma cuando se topa con corazones diabéticos que ni endulzan ni se dejan endulzar. Son como echar sal a las heridas, ya ves, que pican y no sabes ni a qué sabe tu paladar.

Moralidades

Eres una casa sin tejado, pero qué más me da si yo soy un cielo estrellado. Pero no de estrellas, sino contra la pared acolchada y sin arneses.
Eres un libro de hoja perenne y con la tapa desprendida de tanto abrirte por la primera página; de esos de márgenes con borrones y finales abiertos.
Eres de esa poesía que pocos saben leer, y mucho menos escribir.
Eres... qué se yo, cómo el olor de las nubes cuando amanece. Que no tengo ni puta idea de a qué huele pero eres bonita y qué. Porque te quiero y punto. Coño.

Toma, para tí.

Eres la lágrima del después, el surco feo de una sonrisa bonita. Eres la manzana que mató a Blancanieves y el espejo que dice siempre la verdad, aunque acuchille. Eres de esas esencias que se tienen en la vida y no se pueden desechar, como la forma de las uñas contra la pared o el café frío y sin azúcar.
Eres los pinchos de una rosa, el atardecer sin sol, el sexo sin orgasmo.
Eres la esencia fea de un alma bonita.
Sé que te encanta cómo gritas a las suelas de tus zapatos esperando a que te den la razón. También adoras tirar cuchillos sin saber cuál es la diana, el caso es resquebrajar el alma y florecer las lágrimas.
Pero así es como tú eres, un corazón diabético que ni endulza ni se deja endulzar.