Corazones inertes

No te vayas a sostener del mango  para no caerte al precipicio,
que quema
la música demasiado alta no es buena para los oídos
tampoco abras la ventana roja cuando vayas a quedarte sin aire, que es de mala educación
los cubiertos siempre se utilizan de fuera hacia dentro y las ganas de vivir, sí, esas te las dejas en casa.

-Tu puta madre.

Ahora os voy a hablar de corazones que pueden bombear los litros que queráis de sangre que seguirán siendo igual de inertes.

Veréis, para empezar,
lo bonito es bonito aunque por fuera sea un desastre.
Con esto me refiero a las cicatrices rotas,
esas que no pudieron sangrar lo suficiente porque se pararon justo antes de la hemorragia

Ahora bien, sigues vivo, enhorabuena, pero jamás sabrás lo que es morirte desangrado, ni a qué saben los labios que jamás te atreviste a besar por si quemaban
ni qué hay detrás de la puerta que dice "no pasar".
ni a qué huelen las nubes el domingo que jamás decidiste salir de tu jaula sin barrotes
ni cómo va vestido el "te quiero" en vuestra quinta primavera.

Idiota.

Idiotas.

Pero los hay. Los hay que son pobres y sin cartera y te rechazan un billete porque no tienen donde guardarlo. Los hay que toman sopa en un cuenco vacío y sin cuchara. Los hay que son ciegos y para colmo no saben escuchar.

En fin, que lo fácil es estar vivo pero lo complicado es vivir y tú, tú siempre serás un pobre sin cartera.

Poesía obscena

Me gusta la poesía visceral, esa que describe la obscenidad de un "te quiero" antes del climax. Aquella que carece de escrúpulos si se encuentra desnuda, ante tu altar. La que transmite lo ilógicas que se vuelven las matemáticas cuando no estoy sobre tu epidermis. Esa, que escribes en las paredes cuando no te queda papel, ni hueco sobre mi piel. La misma que opta por la taxidermia cuando dos humanos deciden convertirse en animales... y poesía

sí, y sobretodo, poesía.

Trasquilones de un artista. Nota personal 2.121

La parte inhumana de los que somos artistas reside en la quinta costilla de nuestra musa. Allí donde la luz jamás traspasa los barrotes y el primer impulso siempre se torna en el más lógico.  Allí, donde la fauna y la flora se alimentan del fango y el estiercol. Donde lo bonito no tiene porqué ser agradable a la vista si proviene de las vísceras profundas. Cuando escribes, no por gustar, sino porque lo sientes de dentro, justo en esa costilla impareja, como tu alma y el calcetín de la cama.