Acto textual

Córrete hacia la izquierda que quiero verte el otoño entero y no perderme ninguna de tus estaciones.

Calibra bien el dedo y escríbeme poesía entre las curvas. Sí, justo ahí donde se puede leer entre labios que me quieres. 

No vayas a escribir sobre amor que este es otro tipo de acto textual. 

Ahora cállate y méteme cualquier metáfora entre la estrofa y destroza la rima contra la pared.

Ven, vamos a hacer poesía encima del escritorio; tírame las hojas en blanco por el suelo y quítame de la boca las ideas. Hoy quiero ser muda,  pero solo de palabras.

Ahora vacila el pulso y mánchate cuando escribas. Que eso es lo que me gusta, que te manches y sonrías. Sí, sobretodo que sonrías; aunque odie ver como te alejes, pero adore ver como te vas.


Quiéreme

Por primera vez, quiéreme.

Soy de extremos opuestos y polos desigualados que vacilan entre cosas no muy convencionales, lo sé.  También es cierto que más que un café solo, lo prefiero contigo; pero tú siempre fuiste de cortado y no es porque seas algo tímido.

Pero por cuadragésima vez, quiéreme.

Esto es lo único que vas a sacar en claro de aquí; porque verás, eres de esas personas que me llenan las medias lunas y sacan la lobita presumida que hay en mí. De esas que me desorbitan las constantes vitales y me hacen suspirar por el aire que me falta. Pero ese es el problema, que me faltas y no sé. Te miro y no sé si me enamoré de la piedra o del tropiezo y lo borro y vuelvo a empezar y sigo sin saber.

Quiéreme, por enésima vez.

Sabes que no te lo pediría si en tus costillas no cupiese la posibilidad. Y es cierto que te alejas de mí, pero el puto problema es que nunca terminas de irte. Ni de dolerme. Ni de quererme.
Y no me pidas que sea yo la que me vaya porque ya vendí esos zapatos hace tiempo. Además, contigo se me ha olvidado el andar en direcciones opuestas a tus manos y ladridos.


Así que por favor, por infinita vez, quiéreme.


Loto está de luto

Deberíamos ser de loto
y no estar todo el día de luto,
florecer de la tierra amarga
mientras el frío y el dolor aguardan

Y es que más allá de donde se oculta la vida,
queda una flor,
queda cultivar en un campo la dulce agonía
y hacer florecer un sentimiento
de aquel campo al que llamamos vida:
Pero yo que todo lo marchité
aún puedo prostituir mi condena
y hacer de mi alma el último poema

Amén.

 Hay infiernos tan bonitos, que asustan; y es que si juntamos tus ganas de matarme con las mías de pecar, nos da un margen de error que oscila entre el arte y el desastre.

Pero bueno, supongo que da igual porque tú siempre serás mi ángel caído por el que rezaría a Dios aún siendo atea. Esa bonita serpiente que me dice que coma manzanas envenenadas mientras gira la cabeza.

Si por mi fuera, yo sería tu María Magdalena y que me apedreen por perra. 
Serías mi beso de Judas. Mi noveno mandamiento. Mi manzana envenenada y el demonio por el que yo vendería mi alma por la eternidad y hasta que me muera, aquí, en el cielo, y hasta en la tierra.


Lo sé, es difícil no ir al infierno cuando el mayor de mis pecados tiene nombre y apellidos. Pero es que eres el peor de mis vicios y deberías estar implícito en el “no cometerás actos impuros”; aunque ya me da igual pecar si es a tu lado y mientras miro, porque al menos si vamos al infierno, sería por toda la eternidad y contigo.

A mi querido corazón inerte

Me pides que adore la ira sucia. Los mensajes sin texto. Los te quiero sin beso. Las noches sin luna. Las barajas sin ases. Los corazones y las picas. Los "me voy pero jamás termino de irme".

¿Y yo qué?

¿Dónde me siento a esperarte si aquí no quedan ni ganas de verte?. Ni de esperarte. Ni de quererte.
Pero te odio y adoro esta forma de ira súbita contra la pared. De descorchar los labios y caer sobre el suelo acolchado.

No sé, será que me encanta joderme la vida de vez en cuando.

Flores

Hay mentes inertes que no saben lo que es que tu pulso vacile entre poesía y música de fondo. Sociedades herméticas que usan palabras de plástico, allá donde la sangre corre en paisajes equivocados y no entre corazones; donde las armas no son de seducción, sino de fuego. Ya saben, aquellas mentes que no conocen el amor que consigue que te tiemblen hasta las constantes vitales; ni el toque divino de la inspiración y el arte, de esa estrella fugaz que pasa por tu infierno estrellado con su luna en lo alto.

Así que si esta fuera mi última poesía, déjenme prostituir mi condena y hacer de mis rimas la última protesta.