Qué disparate el del otro día cuando él me dijo "dispárate en la sien y no vuelvas"
casi me lo creo,
por eso me quedé mirando el roce de sus labios contra el vaso
en vez de salir corriendo y gritar
era juernes por la noche y su vaso y la luna estaban casi llenos
su pulso vacilaba al levantar la mano y tomar un trago
qué estrés no saber si ese iba a ser su último
rozaba la cucharilla contra los bordes de la taza
como si por ahí dentro fuera a encontrar
la pregunta
a todas mis respuestas
levantó la taza y la acercó despacio al compás de mis latidos.
sabe bien como fijarme la mirada en sus manos temblorosas al borde del ataque de nervios.
antes de servir a su boca un latido de té hirviendo, decidió respirar por si el aire no le llegaba
qué tonta fui al no fijarme cómo soltó su vaso
era más expectante imaginarme cómo se deslizaría el té por su garganta al tragar.
pero jamás tragó
y me miró, y me miró.
Luego me dejó besar el té afrutado con un sutil aroma a ramos.
Y me miró.