El pintor con depresión se sumergía siempre
en el inmenso mar de colores. Como todos. A todas horas.
Una vez empapado escogía solo los colores
que menos gustaba.
“Los otros no los merezco” pensaba,
como si el color tuviera que ver con las gacelas.
Autosabotaje.
No era un pintor depresivo,
solo un pintor con depresión.
Tintó con odio la huella de su trazo,
su pincel,
su lienzo,
su autorretrato;
y ahora dime tú, pintor y lector,
que también haces de tu vida un lienzo
¿de qué color pintas tú tus cuadros?
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