Hoy volví a nacer, como las quinientas veces que escribo al mes
y me maté.
Decidí terminar contigo, conmigo, con nosotros.
Decidí romper el espejo vacío y pintarle florecitas; decidí responder a la voz de mi cabeza que siempre me habla sin esperar una respuesta. Le dije que le quería, que por favor no se fuera, que necesitaba seguir oyendo sus mundos mudos en mi oído. -Jamás pares de susurrarme, le grité.
No me traigáis más barbitúricos, esto no se cura con calmantes, mejor traedme LSD; no quiero más dietas de internado, quiero una cheese bacon y un café solo para compartir, que te veo muy cortado.
Quiero expresaros mi enfermedad, deciros que no estoy loca por no pensar como vosotros. Siempre odié las modas y orbitar alrededor de un mismo planeta ¿Somos universos o no somos universos?
En vuestro habitat hay mucho desprecio, mucho egoísmo y muy poca vergüenza. Deberíais escribir mas besos, o versos, como queráis llamarlo.
Quizás necesitéis más valor o quizás más poesía. En una suma tristeza puede que necesitéis ambas entre pecho y espalda casi más fuerte de lo que yo pueda necesitar las pastillas del médico.
Estoy enfadada y muy muy enferma, así que no me llaméis, no quiero saber nada de vosotros, ¡mentes planas! no me escribáis cartas de despedida cuando me mate por enésima vez en este año, esta vez no os escucharé y solo haré poesía para seguir siendo vuestra querida y extraña, enferma feliz.
Atentando y con cariño
te quiere, por ser y porque sí, poesía.
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