Hoy he aprendido que hay formas que no se pueden moldear con las manos. Que vienen con la curvatura de tu sonrisa así, de fábrica. También he conocido nuevos rincones en los que morirme por 5 minutos mientras mi pulso vacila entre el sueño y el ataque de nervios. También comprendí, que la órbita por la que viajan tus manos no comprende ningún planeta donde yo habite. Donde yo no siga siendo una marciana.
Menos mal que hablamos las mismas lenguas.
Eso sí, tu en tu órbita y yo en la dimensión más oscura.
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