Lo explícito de la vida

Hay cosas tan bonitas, que duelen. Como todo lo explícito de la vida. Aquellas cosas que nuestros ojos censuran por pasar inadvertidas. Como el chasquido de una botella de cerveza al abrir. Como el tintineo de las vías al pasar el tren. Como la oscilación de las agujas a cada segundo del reloj y sobre cómo el pulso no difiere entre el ataque de pánico y la felicidad súbita. Esa que te golpea contra la pared y te araña. 
Te desgarra. 
Esa que se esconde tras las comisuras. 
Tras las palabras. 
Esa que llora inquieta por no ser amada y la que sonríe por ser liberada. Como las palabras cuando se traban porque el sistema nervioso se inclina a la euforia instantánea.
Y es que lo bonito de la vida está en las curvaturas de una mano. En el despertar de los poros al rozar los labios. En el amar a contratiempo mientras tu pulso va acompasado. Al matarse por vivir cada día al máximo y llorar. Porque se llora. Porque las lágrimas también son poesía y nos rozan la sonrisa...
y nos hacen cosquillitas casi tan dulce como la vida. Como la esencia. Como tú y tu estúpida estampa en mis días.
A fin de cuentas adoro todo lo explicito de la vida y no es por nada... pero es por todo, y me encanta.

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