Amén.

 Hay infiernos tan bonitos, que asustan; y es que si juntamos tus ganas de matarme con las mías de pecar, nos da un margen de error que oscila entre el arte y el desastre.

Pero bueno, supongo que da igual porque tú siempre serás mi ángel caído por el que rezaría a Dios aún siendo atea. Esa bonita serpiente que me dice que coma manzanas envenenadas mientras gira la cabeza.

Si por mi fuera, yo sería tu María Magdalena y que me apedreen por perra. 
Serías mi beso de Judas. Mi noveno mandamiento. Mi manzana envenenada y el demonio por el que yo vendería mi alma por la eternidad y hasta que me muera, aquí, en el cielo, y hasta en la tierra.


Lo sé, es difícil no ir al infierno cuando el mayor de mis pecados tiene nombre y apellidos. Pero es que eres el peor de mis vicios y deberías estar implícito en el “no cometerás actos impuros”; aunque ya me da igual pecar si es a tu lado y mientras miro, porque al menos si vamos al infierno, sería por toda la eternidad y contigo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Dios santo!